Una torre china se convierte en un laboratorio para el futuro del patrimonio
Un experimento global en Nanjing explora cómo la tecnología está transformando la relación entre las personas y el pasado
NANJING, China, 11 de agosto de 2026 /PRNewswire/ -- Durante siglos, la Torre de Porcelana de Nanjing fue admirada como una de las maravillas del mundo medieval. Habiendo sido construida durante la dinastía Ming, su exterior vidriado y sus faroles iluminados la convirtieron en una de las vistas más impresionantes que encontraban los viajeros en China. Mucho antes de la fotografía o las redes sociales, contribuyó a moldear la imagen que el mundo exterior tenía de China.
En la actualidad el reto ya no es cómo reconstruir la torre, sino cómo devolverle su importancia.
La torre original fue destruida en el año 1856. Casi 160 años después, se construyó una interpretación contemporánea en su emplazamiento histórico. En la actualidad, la nueva torre atrae la atención internacional por un motivo diferente. Se ha convertido en un campo de pruebas para una de las mayores incógnitas a las que se enfrentan los museos de todo el mundo: ¿Cómo puede el patrimonio cultural seguir siendo relevante en la era digital?
Con el objetivo de explorar esta cuestión, el Museo de las Ruinas del Gran Templo Bao'en lanzó el Concurso Global de Innovación en Patrimonio Digital, una iniciativa respaldada por la UNESCO que invita a jóvenes innovadores de todo el mundo a repensar la forma en que las personas experimentan el patrimonio cultural.
El reto de este año fue inusual. En lugar de diseñar una nueva exposición o restaurar el monumento, se solicitó a los participantes que repensaran un ritual centenario: la ceremonia nocturna de iluminación de la torre. ¿Podría una tradición arraigada en la historia convertirse en algo que los visitantes moldeen activamente en lugar de simplemente observar?
Tras dos meses de colaboración en línea, mentoría y evaluación, 36 jóvenes innovadores de nueve países fueron seleccionados entre casi 700 solicitantes de todo el mundo para formar nueve equipos interdisciplinarios y desarrollar sus ideas en Nanjing este mes de julio.
Desde su lanzamiento en 2024, el programa Patrimonio Digital ha reunido a más de 1.500 jóvenes innovadores de 22 países a lo largo de tres ediciones anuales, creando una red internacional de diseñadores, tecnólogos y profesionales del patrimonio que exploran nuevos enfoques para preservar y reinventar el patrimonio cultural.
"La Torre de Porcelana ha sido durante mucho tiempo un símbolo de intercambio cultural, y ese significado nunca ha desaparecido", explicó Wang Wenxi, directora del Museo de las Ruinas del Gran Templo Bao'en. "Nuestro papel no se basa tan solo en preservar el patrimonio, sino que también busca crear oportunidades para que cada generación interactúe con él de nuevas maneras".
Este experimento refleja un cambio más amplio que se está produciendo en el mundo de los museos. A medida que la inteligencia artificial, los medios inmersivos y las tecnologías interactivas se vuelven cada vez más accesibles, las instituciones culturales se plantean una pregunta diferente. La mera preservación ya no es suficiente. El patrimonio también necesita ser experimentado, interpretado y, cada vez más, participativo.
Para Niall Hill, profesor de UCL y miembro del equipo de mentores de Patrimonio Digital, la tecnología es solo el paso final. "Los participantes deben recorrer un lugar, tocarlo, usar sus sentidos y experimentarlo", declaró. "A través de esas experiencias, comienzan a imaginar cómo esos momentos podrían traducirse en experiencias digitales y cómo las personas podrían interactuar con el patrimonio de maneras completamente nuevas".
Hubo una propuesta que destacó entre los proyectos. Ecos de Mil Luces, creada por un equipo de China, Pakistán y Vietnam, transformó a los guardianes míticos tallados en los arcos acristalados de la torre en compañeros interactivos. Los visitantes que portaban dispositivos con forma de linterna podían activar respuestas de luz y sonido, permitiendo que el monumento respondiera a medida que se movían por el espacio. El proyecto recibió el primer premio por su reinterpretación de un ritual histórico como una experiencia pública compartida.
Otros proyectos abordaron la cuestión desde diferentes perspectivas culturales. Una instalación utilizó los latidos del corazón de los participantes para sincronizar una ceremonia de luz compartida entre desconocidos. Otra reinterpretó los viajes marítimos de Zheng He a través de un paisaje digital interactivo inspirado en el Árbol del Grano, explorando las conexiones históricas entre China y el resto del mundo.
Este enfoque no está exento de interrogantes. A medida que los museos adoptan las tecnologías digitales, los críticos han advertido que las experiencias inmersivas pueden convertirse fácilmente en entretenimiento, distrayendo a los visitantes de la historia que pretenden revelar.
A pesar de ello, para los organizadores en Nanjing la tecnología no es el fin en sí misma. Es simplemente otra forma de ayudar a las personas a construir conexiones emocionales con el patrimonio.
El experimento también refleja una ambición más amplia. Las ciudades con profundas raíces históricas se enfrentan cada vez más al reto de mantener el patrimonio relevante para las generaciones más jóvenes. Nanjing está utilizando su hito cultural más reconocible como lugar para probar nuevas formas de participación pública, colaboración internacional y experimentación creativa.
Hace seis siglos, las luces de la Torre de Porcelana ayudaron a dar forma a cómo el mundo imaginaba a China.
En la actualidad, la torre está haciendo algo diferente. Está ayudando a museos, diseñadores y jóvenes innovadores a imaginar en qué podría convertirse el patrimonio cultural.
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