Maribel Hastings y David Torres

Lograr una amplia participación electoral en este país siempre es un reto. Pero este año es particularmente complicado por dos factores: la pandemia del Covid-19 y el asalto frontal del presidente Donald Trump al Servicio Postal de los Estados Unidos, institución que tiene a su cargo garantizar que el sufragio por correo llegue a tiempo y pueda contar.

Tal parece que retrasar el ejercicio de la democracia es el nuevo frente de campaña de quien busca por todos los medios quedarse otros cuatro años más en el poder, aunque sea a la mala.

Lo peor del caso es que precisamente debido a la pandemia y al temor al contagio, el voto por correo cobra especial importancia para personas de edad avanzada, con condiciones médicas preexistentes y sistemas inmunológicos comprometidos, o simplemente para aquellos que por mera precaución quieren evitar las multitudes donde el virus se propaga.

Esa es la serie de facilidades que a lo largo de los años ha garantizado la economía y la democracia más avanzadas del mundo, pues de lo que se trata en el fondo es que la participación popular, cualquiera que sea el medio que escoja para ejercer su derecho a elegir a sus gobernantes, alimente la cultura democrática en cada ciclo electoral, independientemente de la cercanía o la lejanía de las urnas, o de las dificultades que se presenten en el camino.

La idea es votar y reproducir el sistema democrático para que las nuevas generaciones sigan el ejemplo civilizatorio más emblemático de la vida en sociedad.

Pero el ataque de Trump al voto por correo es tan obvio que en una rueda de prensa la semana pasada declaró que si el servicio postal no es financiado “no habrá voto por correo universal porque no están equipados para tenerlo”.

¿El país más avanzado del planeta no está equipado ni preparado para garantizar una elección presidencial correctamente?

El pasado mes de mayo los demócratas aprobaron legislación que asignaría al Servicio Postal 25 mil millones de dólares por un periodo de tres años, así como una partida adicional de 3,500 millones de dólares en fondos suplementarios para asistencia electoral, toda vez que la pandemia ha complicado la asistencia en persona a los centros de votación.

Pero Trump, quien acaba de solicitar votar por correo en las próximas primarias estatales republicanas de Florida, al igual que la Primera Dama, Melania Trump, declaró en el mismo evento que no hay nada malo con ir a votar en persona y que la gente así lo hizo durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales.

Es decir, el mandatario y la primera dama conminan a votar por correo en una elección local, porque les es conveniente y cercana, pero contradictoriamente no les complace que otros hagan lo mismo y les condenan a no tener opciones, más que sufragar en persona.

Trump, sin fundamento alguno, se ha dedicado por años a desacreditar el voto por correo asegurando que se “presta a fraude” y a la manipulación de los resultados electorales. Este domingo sus voceros desfilaron por los programas televisivos políticos formulando, sin pruebas, el mismo argumento.

Ha sido francamente patético ver y escuchar los “argumentos” de cada uno de estos actores políticos, que no han hecho otra cosa más que un acto de ventriloquía repitiendo lo que asegura quien les manipula.

La razón es más que obvia. Trump sabe que los sondeos de opinión favorecen mayormente a su oponente demócrata, Joe Biden, y entiende que una mayor participación electoral operaría en su contra. Es decir, otra vez el pánico al voto popular se le aparece a Trump como su peor fantasma, ese que lo ha perseguido durante su gobierno y que le repite todos los días que la mayoría no está de su lado.

Y al agravio se suma que el director general de correos, Louis DeJoy, es aliado de Trump y donante de campañas reublicanas. DeJoy, entre otras medidas que entorpecen el voto por correo, ha ordenado reducir la cantidad y el uso de equipo para procesar el correo, ha impuesto restricciones en su transporte, y ha reducido el pago de horas extra a los empleados postales.

Las protestas en contra de las acciones de DeJoy se han dejado sentir incluso en la residencia del funcionario en Washington, D.C. La gente está presionando a los demócratas, que este lunes arrancan su Convención para nominar oficialmente a la fórmula Biden-Harris, para que retornen de su receso legislativo y abran audiencias en torno a las acciones de DeJoy, todo esto a escasos dos meses y medio de las elecciones generales.

¿Qué pasará?

En 2016 fue la mano rusa, y ahora en 2020 Trump y sus aliados ya ni disimulan en sus intentos de manipular las elecciones. En su desesperación, no se dan cuenta de que todo lo que hacen es de una transparencia tan ofensiva, que con cada acto de manipulación antidemocrática exhiben una miseria política que no merece el electorado. No otra vez.

Para citar al veterano periodista Dan Rather en Twitter, “¿quién necesita a Rusia si estás abiertamente atacando al Servicio Postal de Estados Unidos para suprimir el voto y minar la democracia estadounidense?”