Maribel Hastings y David Torres

WASHINGTON, DC – Si bien la renuncia de la secretaria de Seguridad Nacional (DHS), Kirstjen Nielsen, ejecutora de las nefastas políticas migratorias de la administración Trump, es bienvenida entre diversos sectores pro inmigrantes, la realidad es que no importa quién encabece el DHS, pues la raíz del problema sigue siendo un presidente empecinado en demonizar a los inmigrantes y refugiados y utlilizarlos como peones en su juego de ajedrez político de cara a las elecciones generales de 2020.

Y esta vez su plan es, evidentemente, aún más amplio en términos de crueldad, para lo cual necesita a alguien que lo ejecute en proporción a su nivel de intensidad para que su base, tal como en la Roma imperial, lo aplauda y vitoree a diestra y siniestra cuando se trata de aplastar un avance demográfico que es sobre todo indetenible.

Es decir, con todo y el cinismo y el servilismo de Nielsen durante la política de “cero tolerancia” y la separación de familias, para Trump su crueldad no fue suficiente. Aún está fresca en la memoria la forma en que a la ahora exsecretaria del DHS no le tembló la mano para firmar memorandos e implementar algunas de las más crueles políticas migratorias de este gobierno.

Es decir, que nombre Trump a quien nombre para sustituir a Nielsen, las cosas seguirán iguales o incluso peores. Como dice el refrán: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”.

En esta ocasión, Trump designó a Kevin McAleenan, director de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), como director interino del DHS.

De hecho, desde que Nielsen tomó el lugar de John Kelly en la dirección del DHS, se convirtió en uno de los objetivos favoritos de Trump para descargar sus frustraciones en materia migratoria. Era como si el presidente quisiera penetrar el pensamiento de alguien que, a diferencia de él, tenía una preparación especial para llevar a cabo acciones desde el punto de vista de un funcionario público, y no como ejecutor a sueldo de una mafia. Era patético ver eso en la arena pública.

Y sin embargo, con todo y su salida del DHS, su “legado” borrará del mapa político y académico a una Nielsen que se dejó arrastrar por la mieles del poder creyendo que el “honor” de servir a un gobierno como el que ahora está instalado en la Casa Blanca la iba a catapultar hacia otros escenarios más propicios. Craso error en el que han caído todos los que han aceptado “trabajar” con Trump.

Aunque el principio de esta administración, en 2017, vio una enorme reducción en la cifra de detenciones en la frontera, eso cambió no solo por la llegada de miles de familias que huyen de la violencia centroamericana, sino porque las propias políticas de este gobierno, como alterar las reglas de asilo para negarle a migrantes solicitar el remedio en puertos de entrada, tal y como lo estipula la ley, o retornarlos a México para esperar que su caso sea escuchado, ha ocasionado literalmente un embotellamiento de migrantes en la frontera.

Y aunque Nielsen ha implementado y defendido las políticas de Trump, este la ha culpado cuando las cosas no han sido de su gusto. Y ahí está otro de los síntomas de la anomalía de esta administración: Trump ha confundido el concepto de gobernar para el país con la falsa idea de que todo debe cumplirse “a su antojo”. Tal parece que se le ha olvidado a qué país está gobernando.

Nielsen amplió e implementó la política de “cero tolerancia” que separó familias en la frontera y resultó en el enjaulamiento de niños y menores en centros de detención, muchos de los cuales se “extraviaron” en el sistema, todo con el objetivo de “disuadir” a otros migrantes. También encabezó el envío de la Guardia Nacional y de militares a la frontera. Igualmente defendió el inútl muro de Trump, además de dirigir los esfuerzos de la administración para prohibir que migrantes que cruzaran sin documentos en los puertos de entrada solictiaran asilo. Pero cuando la propuesta fue frenada en tribunales, limitó la cifra de migrantes que pueden acudir a esos puertos de entrada a solicitar asilo.

La lista es aún más larga.

La agresividad de Nielsen no complació a Trump, un presidente que quiere ir más allá. ¿Pero hasta dónde quiere tensar la cuerda de la imprudencia?
La semana pasada, por ejemplo, Trump retiró la nominación de Ron Vitiello para dirigir ICE señalando que “queremos ir en una dirección más dura”.

Por supuesto: una dirección “más dura”, sea o no viable, tan solo para alimentar el prejuicio de su base y movilizarla hacia las urnas, aunque el país, y su gabinete, se caigan en pedazos en ese intento de perpetuar la intolerancia.